domingo, 3 de julio de 2011

GARBANZO

Ha habido encuentros y desencuentros, amores y desamores, rivalidades, rencores, venganzas, etc. Ha habido y hay una historia compartida y unas relaciones tanto intensas como extensas.
Una historia de dos inseparables que alternan coincidencia o armonía con oposición; complementariedad con dominio. Difieren las relaciones según épocas y momentos y muy pocas veces se han desarrollado con sintonía.
Mi vida ha sido así, un sinfín de cosas entrecruzadas que acabaron por suicidarse en la rutina. Acabé convirtiéndome en un ser diminuto, sin expectativas, sin ilusión. Simplemente existía entre los muros que poco a poco se fueron levantando entre yo y el mundo. Pero un día sin más, decidí con todas mis fuerzas derribar ese muro, renací. 
Lógicamente la palabra "Renacer" implica muerte, pero en este caso no se trata de una muerte física, sino de morir a todo aquello que ya no es útil, que fue bueno y útil en el pasado pero que ahora actúa de freno para la propia evolución.
Pero para enfrentar la aventura del "Renacer" hace falta valor, mucho valor. Y lo más difícil de superar tiene que ver con el desapego, porque los lazos que la vida teje sobre las posesiones, sobre las personas, sobre "lo mío", valores, conceptos, ideas, creencias, son tan fuertes que para desprenderse de ellos se necesita fuerza y decisión, y sólo la esperanza de que el nuevo ser que habita en nosotros, esperando ser liberado, no necesita nada de todo eso, es la única  ayuda a superar el apego al pasado y entrar sin nada por la puerta que nos conduce al futuro.
Hoy sé que no estoy aquí por accidente, que mi vida tiene un propósito. Ya no lucho contra fuerzas adversas, ni me pregunto por qué. He comprendido que hay un tiempo para todo, y que todo tiene su lógica. Hay que pasar por varios estadios hasta alcanzar la forma final, aunque los cambios nos modifiquen hasta el punto de perder nuestra apariencia primaria y eso nos desconcierte.

En fin, somos como garbanzos. Y como ellos, algunos germinan y otros se quedan en su estado pausado, creyéndose felices y realizados, porque no tienen la inquiedtud de cómo sería su vida dando un paso hacia delante.
Es triste ver como vas cambiando poco a poco y  la gente que te rodea sigue exactamente igual, quizá un poco más envejecido, pero igual. Empiezas  a ser un ser muy diferente, de repente eres algo verde en medio de un montón de sujetos blanquecinos.
Para concluir, quiero decir que un imaginario colectivo se compone de costumbres, valores, prácticas y razonamientos que existen en una sociedad. Genera tendencias que se manifiestan a través del lenguaje y de la interacción. Sin embargo, esta percepción, al ubicarse en un contexto y tiempo determinado, no siempre concuerda con la realidad. El hombre posmoderno ha llegado a una especie de autoengaño por el que acepta vivir metafísicamente frustrado… La condicion humana, por momentos, me resulta vomitable. Especialmente, me retuercen las tripas aquellos seres que no problematizan la realidad para no evidenciar la mediocridad en que vivimos.